lunes, 26 de noviembre de 2012

El desinterés por la política


Cuando se habla de desinterés político se piensa en los jóvenes, pero en realidad esta creciente apatía por la política cada vez más llega a todas las esferas de la sociedad, que cansadas de los escándalos que rodean este entorno rechazan con más vehemencia  todo lo relacionado con el ámbito político.

Una de las razones del por qué la ciudadanía se ha alejado de la política es porque la mayoría de personas sienten que los partidos no representan sus intereses.  Al ciudadano de a pie poco o nada le interesa la información relacionada con este aspecto porque siempre asocia a los políticos con el robo, la corrupción y el clientelismo. La célebre tradición colombiana de la ‘manzanilla’ y la repartición burocrática de puestos han hecho que los ciudadanos le resten importancia a lo que hace la clase política.

Aunque de por sí la política no es mala sino la politiquería, siempre se considera a un político como un ladrón. De hecho, a los mismos políticos poco les interesa que los ciudadanos se enteren de sus acciones clientelistas, pues esto es directamente asociado a un ‘perjuicio electoral’.

Sin embargo, paulatinamente esas prácticas han venido cambiando con la llegada de las redes sociales, pues se ha despertado el interés de los ciudadanos y las denuncias realmente tienen eco en la población. Uno de los contra de la era digital, que ha incrementado ese desinterés por la política, es la abundante información que se genera en los nuevos medios, que por su afán de ganar audiencia intentan llenan sus portales de múltiples noticias a las que no le dan un espacio para que la sociedad las digiera, por el contrario la bombardean de datos que nunca son debidamente procesados.

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman asegura que el exceso de información es peor que la escasez. Su homólogo francés Pierre Bourdie está de acuerdo con ese planteamiento y señala que esa abundancia noticiosa no deja pensar a la sociedad, pues resulta más fácil  y rentable dominar un pensamiento en masa que individual.

Son varias las causas para que los  ciudadanos  no crean en los dirigentes políticos que ocupan diferentes  cargos en las ramas del poder público. Periodistas que cubren la fuente política de varios medios de comunicación coinciden en que un alto porcentaje de los políticos no están preparados ni estructural, ni filosófica, ni conceptual, ni  políticamente para dirigir de una manera sincera, consciente y  con sentido de responsabilidad social  los destinos del país.

A la mayoría de políticos los mueven intereses personales que son traducidos en corrupción, principal  flagelo y causa del atraso del desarrollo de la sociedad. Se ha perdido credibilidad en la elección de los dignatarios, ya que se han descubierto  malos manejos en la Registraduría, recordemos lo que sucedió hace pocos meses para la elección del gobernador del Valle y la manipulación por parte del senador Juan Carlos Martínez Sinisterra, condenado por parapolítica, y que gran parte de su condena la ha pasado por fuera de la cárcel gracias a los múltiples permisos que le han sido otorgados para salir del centro penitenciario en el que se encuentra recluido.

La compra y trasteo de  votos, la trashumancia, el paramilitarismo, el narcotráfico, la guerrilla, los carruseles de la contratación y las maquinarias políticas han influido para que los ciudadanos  vayan perdiendo interés por la política.

No existe coherencia entre lo que dicen los políticos y cómo actúan;  en los medios de comunicación manifiestan pensamientos diferentes a las decisiones que  toman en el seno de sus curules políticas.

Dado que no existe una debida formación política, los ideales no son fuertes, esto se ve reflejado en el cambio de movimientos  y partidos políticos. Ayer fueron liberales, hoy son de la U. Cambian de acuerdo con su conveniencia.

Para construir las leyes emitidas por el Congreso de la República, las personas que participan, votan y deciden  no tienen el suficiente conocimiento  de los temas y por lo tanto se da  el pupitrazo limpio. No leen, ni entienden las normas que aprueban.

En la actualidad los dirigentes  políticos han perdido credibilidad, son retóricos y no cumplen lo que prometen.  La pregunta es: ¿son los políticos del momento con todos sus defectos, o deberemos formar desde la niñez a los políticos del futuro, con buenos principios  morales, éticos y con exaltación de los valores para que sean dignos representantes de los ciudadanos? 

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