Cuando se habla de desinterés político se piensa en los jóvenes, pero en
realidad esta creciente apatía por la política cada vez más llega a todas las esferas
de la sociedad, que cansadas de los escándalos que rodean este entorno rechazan
con más vehemencia todo lo relacionado con el ámbito político.
Una de las razones del por qué la ciudadanía se ha alejado de la
política es porque la mayoría de personas sienten que los partidos no
representan sus intereses. Al ciudadano de a pie poco o nada le
interesa la información relacionada con este aspecto porque siempre asocia a
los políticos con el robo, la corrupción y el clientelismo. La célebre
tradición colombiana de la ‘manzanilla’ y la repartición burocrática de puestos
han hecho que los ciudadanos le resten importancia a lo que hace la clase
política.
Aunque de por sí la política no es mala sino la politiquería, siempre se
considera a un político como un ladrón. De hecho, a los mismos políticos poco
les interesa que los ciudadanos se enteren de sus acciones clientelistas, pues
esto es directamente asociado a un ‘perjuicio electoral’.
Sin embargo, paulatinamente esas prácticas han venido cambiando con la
llegada de las redes sociales, pues se ha despertado el interés de los
ciudadanos y las denuncias realmente tienen eco en la población. Uno de los contra
de la era digital, que ha incrementado ese desinterés por la política, es la
abundante información que se genera en los nuevos medios, que por su afán de
ganar audiencia intentan llenan sus portales de múltiples noticias a las que no
le dan un espacio para que la sociedad las digiera, por el contrario la
bombardean de datos que nunca son debidamente procesados.
El sociólogo polaco Zygmunt Bauman asegura
que el exceso de información es peor que la escasez. Su homólogo
francés Pierre Bourdie está de acuerdo con ese planteamiento y señala que esa
abundancia noticiosa no deja pensar a la sociedad, pues resulta más fácil y
rentable dominar un pensamiento en masa que individual.
Son varias las causas para que los ciudadanos no
crean en los dirigentes políticos que ocupan diferentes cargos en
las ramas del poder público. Periodistas que cubren la fuente política de
varios medios de comunicación coinciden en que un alto porcentaje de los
políticos no están preparados ni estructural, ni filosófica, ni conceptual,
ni políticamente para dirigir de una manera sincera, consciente
y con sentido de responsabilidad social los destinos del
país.
A la mayoría de políticos los mueven intereses personales que son
traducidos en corrupción, principal flagelo y causa del atraso del
desarrollo de la sociedad. Se ha perdido credibilidad en la elección de los
dignatarios, ya que se han descubierto malos manejos en la
Registraduría, recordemos lo que sucedió hace pocos meses para la elección del
gobernador del Valle y la manipulación por parte del senador Juan Carlos
Martínez Sinisterra, condenado por parapolítica, y que gran parte de su condena
la ha pasado por fuera de la cárcel gracias a los múltiples permisos que le han
sido otorgados para salir del centro penitenciario en el que se encuentra
recluido.
La compra y trasteo de votos, la trashumancia, el
paramilitarismo, el narcotráfico, la guerrilla, los carruseles de la
contratación y las maquinarias políticas han influido para que los ciudadanos vayan
perdiendo interés por la política.
No existe coherencia entre lo que dicen los políticos y cómo
actúan; en los medios de comunicación manifiestan pensamientos
diferentes a las decisiones que toman en el seno de sus curules
políticas.
Dado que no existe una debida formación política, los ideales no son
fuertes, esto se ve reflejado en el cambio de movimientos y partidos
políticos. Ayer fueron liberales, hoy son de la U. Cambian de acuerdo con su
conveniencia.
Para construir las leyes emitidas por el Congreso de la República, las
personas que participan, votan y deciden no tienen el suficiente
conocimiento de los temas y por lo tanto se da el pupitrazo
limpio. No leen, ni entienden las normas que aprueban.
En la actualidad los dirigentes políticos han perdido
credibilidad, son retóricos y no cumplen lo que prometen. La
pregunta es: ¿son los políticos del momento con todos sus defectos, o deberemos
formar desde la niñez a los políticos del futuro, con buenos principios morales,
éticos y con exaltación de los valores para que sean dignos representantes de
los ciudadanos?
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